Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿ Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo? Fernando Pessoa (1888-1935) Poeta portugués.
Hoy es

miércoles, 30 de enero de 2008

Josef en la Iglesia de Castro, Chiloé


Josef rumbo a Chiloé


Cruzando en Ferri el canal de Chacao rumbo a Ancud Isla de Chiloè
Enero 2008.

lunes, 28 de enero de 2008

viernes, 25 de enero de 2008

La Moneda Santiago de Chile.

Santiago de Chile, 2008

Josef en el Centro cultural de La Moneda.

Santiago de Chile, 2008

Josef y la Iglesia Los Sacramentinos

Santiago de Chile, 2008.

Vivianne peleando con los cochayuyos.

Isla Negra, Chile 2008.

Josef y el oleaje en Isla Negra

Isla Negra, Chile 2008

Vista al mar desde Casa de Pablo Neruda, Isla Negra.

Isla Negra, Chile 2008.

Isla Negra, casa de Pablo Neruda

Isla Negra, Chile 2008.

Ancla en La Isla Negra, Casa de Pablo Neruda

Isla Negra, Chile 2008.

Trole Bus en Valparaiso

Valparaíso, Chile 2008.

Vista al Puerto de Valparaíso.

Valparaíso, Chile 2008.

Jardin de La Sebastiana, casa de Pablo Neruda

Valparaíso, Chile2008

Jardin de La Chascona, casa de Pablo Neruda

Santiago, Chile 2008

Casa de Pablo Neruda "La Chascona"

Santiago de Chile, 2008

martes, 22 de enero de 2008

Josef y Vivianne Casa La Chascona de Pablo Neruda

Queridos amigos por fin juntos en Santiago de Chile, saludos...

jueves, 3 de enero de 2008

Apagando.


Apagué el programa aburrido,me levanté, regué los geranios y salí a comprar pan en el despacho de abajo. No vi pan pero sí a una chica de libro. Le propuse un negocio agradable y aceptó. No vi pan en cambio hice plan y aquella tarde de verano abrasador apagué un nuevo incendio en Madrid y empecé un viejo libro de amor...
Este micro (en el cual debe de figurar al menos una vez la palabra "libro") ha sido seleccionado junto a trescientos y pico para el concurso de televisión Página 2 del mes presente. Si ganamos saldremos en televisión y nos regalarán una importante colección de libros!!!

martes, 11 de diciembre de 2007

lunes, 3 de diciembre de 2007

Descubrimiento.

Aquella mañana desperté miré por la ventana e hice un descubrimiento abrumador: ¡Ya no existía más campo! Las cuchillas afiladas de las grúas habían ido cercenando terreno tras terreno a la vegetación hasta transformar mi tierra y las demás naciones del mundo en una enorme ciudad.
Los océanos estaban ahora franqueados por miles de puentes por los que circulaban millones de vehículos; las altas cordilleras habían sido agujereadas por cientos de túneles como queso de gruyere y a las cumbres más altas se accedía en veloces y precisos teleféricos. Los mares internos habían sido desecados y sus antiguos fondos marinos estaban poblados por barrios perpetuos y populosos; en los polos vivía más gente que en el desierto más árido, y el desierto más árido era un grandioso gueto donde la gente se mataba por conseguir un vaso de agua.

Pero ante semejante panorama mundial no me arredré y dispuse todo para salir al campo. Me calcé las botas de montaña, me puse los calcetines gruesos, los pantalones impermeables, el anorak. Rellené una mochila con diversos alimentos y bebidas isotónicas; me calé mi gorra de lana, mis gafas de sol para nieve y mis guantes de piel sintética.
A continuación descendí hasta el piso bajo de mi chalé, abrí la puerta corredera salí al patio y allí estaba: El centenario sauce llorón. Desplegué una silla abatible bajo sus ramas, me endosé unos cascos con una grabación de sonidos de la naturaleza y allí me acomodé, dispuesto a permanecer el largo fin de semana de puente en el lugar más parecido a la naturaleza que quizá existiera en miles de kilómetros a la redonda.

viernes, 23 de noviembre de 2007

sábado, 10 de noviembre de 2007

Y ya no estás más...

Después de otra noche en vela se acerca un nuevo amanecer y veo un nuevo cielo ocre nacer, mientras siento la fresca humedad que emana el mar Mediterráneo.
Y ya no estás más...
No percibo ya la calidez de tus manos quebradizas y suaves como tallos verdes de bambú, sino la aciaga soledad sin tu mirada diáfana, sin tus ojos puros de miel...
Deseo abrazarte y lo hago; e igual que un brazo de mar barre la costa con sus olas, mis manos recorren el delicioso firmamento de tu piel inexistente...
Te beso y no eres más que suspensión de aire de un turbio desierto interior. Recuerdos de unos labios, los tuyos, cual anémonas de mar, blandas y jugosas y a la vez, con infinitas púas lacerantes...
Qué fue de aquellos besos, promesas y amaneceres… ¿baldíos?
Tal vez en algún lugar secreto de tu profunda geografía se esconda ese misterio que nunca llegué a descifrar. Quizá mi pasión de tan extrema fue más indigna e hiriente que el pulso de nuestro amor, o a lo mejor no aprendimos a inflamar con el encendedor adecuado la esquiva llama de la pasión...
Amanecer siempre lento, perezoso e infinito. Viviré mil años sin dejar de pensar en ti
y no dejaré de esperarte mientras contemplo el bello y manso mar Mediterráneo en eterna y triste soledad. Aquí, en el mismo lugar dónde estuviste una vez.
Y ya no estás más...

domingo, 4 de noviembre de 2007

NIÑOS DE GUERRA

Aunque estemos cansados de ver lo mismo, es bueno refrescar la memoria...

viernes, 19 de octubre de 2007

Nosotros somos... éso.


El otro día hurgando en la web tuve mala suerte al tropezar con imágenes de una crueldad inenarrable, desde entonces sueño con la muerte a menudo y no encuentro fuerzas razón ni sentido para explicar la descabellada maldad o actitud de los hombres ni sé qué hacer para huir de mi condición endiablada y maldita, y mutilo mi conciencia igual que ellos hacían e hicieron con sus víctimas, sin sentir ni llorar sin piedad, con desprecio absoluto hacia la vida de unos seres que miraban a sus verdugos con angustia y pavor, desde entonces tengo pesadillas de encierros gritos y chirridos desabridos que taladran mis tímpanos envuelto en la oscuridad irracional de noches de insomnio, porque ya no duermo no vivo no sueño y sólo pienso en odio y matar odio y matar... igual que hacían e hicieron ellos con sus víctimas, asesinar con desprecio y total desvergüenza por la vida, ojalá se pudran en el infierno si existe un infierno, me gustaría que así fuera o acaso ¿estoy en el ya? ¡mejor! así podré encontrármelos y como un lucifer espantoso y desquiciado abriré sus estómagos en canal y luego reiré y lloraré y me rajaré las vestiduras y amputaré los miembros y daré rienda suelta a pasiones malditas y paranoides que dicen encierra y alimenta con denodada pulcritud el alma corrupta de cada ser, si existe un alma en un único y deplorable hombre en esta tierra sucia y enfangada, bañada en sangre de parientes, amigos hermanos, familias destrozadas, bañada en sangre por el placer de la sangre y no por otra razón, porque no existe conciencia ni sensibilidad en quien asesina sin lástima ni el menor vestigio de vergüenza, ya que jamás supo de esas cosas, pues es un déspota criminal y debería de ser apresado enjuiciado y ajusticiado mil veces por exhibir su grosera, lasciva, carencia de ternura respeto y sobre todo de amor ¡dónde empieza y termina el amor si jamás existió! si todo es una absurda parodia que inventó el ser humano para sentirse mejor ¡y matar y volver a matar! por el hecho de sentirse superior a qué o a quién y ¿cómo ser superior?, si cuando se asesina se es rastrero bajo inhumano e inferior a cualquier animal, al animal que se mata, a esos sublimes y cien mil veces íntegros animales a quienes sacrificamos, porque un animal jamás asesina por el mero hecho de hacerlo, porque un animal a fin de cuentas es y siempre será un honorable animal, y formará parte de la naturaleza y no romperá su cadena ni sus reglas, ni cometerá aberraciones ni mentirá, ya que sólo nosotros sabemos hacerlo y se lo inculcamos a nuestros hijos con desprecio e incluso a veces mediante una mezcla de irreflexivo y bestial orgullo indecente, como si fuera lo más natural del mundo, y una muestra de nuestra clara ¿superioridad e inteligencia?, y sin embargo por más que tratemos de cambiar o aparentar ser lo que no somos, siempre seremos eso y nunca saldremos de eso porque estamos condenados y abocados a serlo, y porque nos lo merecemos pues nos lo hemos ganado a pulso al verter la sangre de generaciones de inocentes durante milenios, esa sangre que nos enloquece y descerebra y priva de nuestra “indiscutida” racionalidad que nadie más puede ni tiene el derecho de discutir porque no hay nadie y porque estamos solos en un mundo casi destruido por nosotros, y quien se atreviera a hacerlo sería igualmente mutilado y ejecutado ante la turbia proclama de que mintió, porque a fin de cuentas nosotros somos... éso. Seres... seres... ¿¿Seres humanos??

josef.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Pancho Puelma - Esperando nacer

viernes, 5 de octubre de 2007

¿Cómo ocurrió?



Cómo ocurrió. No tengo la más leve idea pero sucedió.
Fue un día cualquiera, antes de despertar, pero… ¿estaba ya despierto o continuaba acostado cuando regresé? Sí. Volví a la oscura caverna donde mis atávicos ancestros me vieron nacer. No lo sé. Pero recuerdo que escapé de la civilización y recorrí kilómetros mientras rompía esquemas sin importarme mi dolor interior, o el dolor del futuro que rehuía, o el dolor de unos pies antes siempre calzados y ahora… sin calzar.

Escalé un camino perdido y enlodado y al alcanzar su término, allí estaba la estrecha oquedad. Me aguardaba silenciosa y olvidada. Me interné. Vagué por lúgubres pasadizos a tientas, y guiado por un instinto maternal, descubrí la cámara protocolar y una vez allí, sugestionado por un extraño poder, lo hice: Difundí el conjuro nunca olvidado del amor y la vi.

Pude ver mi pasado caminar con pies alados en un insólito valle iluminado por un cielo azul marino intenso, y donde se suponía empezaba la tierra, había una bruma amarilla como té de manzanilla. Se deslizaba y recogía sándalo, diente de león, muérdago y flores de malvarrosa…
Percibí el aroma dulce proveniente de ella y entremezclada, la suave brisa litoral de un océano jamás intuido por el hombre... Caminaba con pasos suaves, y a la vez decididos como moviéndose en un mundo de fino algodón hilado… Alargué mis brazos hacia ella y mis sienes estallaron de felicidad solo de pensar siquiera en rozarla…
Cuando por fin nos dimos las manos un estallido eléctrico tensó mi corazón.

Caminamos juntos, pendientes el uno del otro, durante días semanas, meses y años crecí con ella. Un día ella se acercó a mí. Sus labios se entreabrieron y articularon una agradable melodía en un idioma jamás estudiado ni oído… pero que sólo yo pude interpretar…De pronto se volvió y me miró con aquellos ojos grandes y oscuros, sumidos bajo unas cejas prominentes mientras me estudiaba con profunda curiosidad y alegría, aunque sin sonreír en su exterior, pero haciéndolo en su interior.
Y descubrí su belleza irreal, una belleza jamás sospechada por el Homo Sapiens Sapiens, la belleza de mi antepasado más cercano de mi hermandad en la vida: Una mujer Neandertal...


Josef.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Invitación.


"Viajar, dormir, enamorarse, son tres invitaciones a lo mismo, tres modos de irse a otra parte, a un lugar, a lugares que no siempre entendemos, que nunca gobernamos, que cada noche son distintos, y cada mañana nos deslumbran y asustan como una tarde de granizo en enero".


viernes, 3 de agosto de 2007

El islote.

-I-

Se amaban. Ella lo amó desde un primer instante y él a su vez la fue amando cada día un poco más, aprendiendo a considerar su sensible carisma de mujer. Se desearon con placer, disfrutando de cada instante repartidos por los rincones de la isla. Sus brazos recorrieron las fracciones de sus cuerpos agostados, gélidos, calientes, poderosos, humanos... De seres con capacidad para pensar de forma tranquila y natural en un mundo aplastado por las devastadoras fuerzas de la iniquidad y la idiotez.

Ni siquiera hubo días plomizos de invierno, ni bochornos de verano achicharrado, con sol plomizo o lluvia fría y pegajosa que pudieran detener la solvencia de aquella pasión.
Se entendieron. Ella lo supo desde un primer instante, y él la fue comprendiendo cada día un poco más, juzgándose mutuamente, sin alterarse, sin divinidades ni proverbios, sin despegar las piernas del suelo de la isla. Donde siempre se hallaban: unidos, abiertos, sonrientes, casi enraizados, materializados en promesa de fértil vivencia...

Sin embargo algo sucedió. El tiempo, decisiones externas, incongruencias que jamás habían existido, hicieron su aparición y comenzaron a marcar su impás.
De súbito, los días transcurrían sin conseguir enlazar con el Ferry que los librara del islote de soledad en el cual se plegaron. Estaban aislados; arrinconados en un lugar solitario, enviciado y asfixiante. Sin darse cuenta se convirtieron en adictos, apasionados de su fe en ellos mismos.

Luchaban por mantener dogmas enfermizos y desgastados... Mientras, seguían tecleando textos de redención, amistad y promesa, a la espera de que el nuevo día amaneciera y aliviara penas presentes, pasadas y venideras. Recompensa a un mérito que decidiría si habían superado el listón para levar anclas y escapar del aislamiento traicionero de un lugar sin limitaciones y limitado en su conciencia.

Él tendía la mano y ella se deslizaba girando, discurriendo una y otra vez por las estrechas veredas de un islote sin márgenes aparentes. Él volvía a tender la mano, y ella pensaba y actuó por su cuenta... Era independiente, siempre lo fue. Le agobiaba ser de una manera distinta, aunque quizá todo consistiera en descifrar una clave...

¿Continuaban atrapados? No, ella podía salir. Sabía cómo hacerlo, y moverse a través del estrecho círculo del islote a su gusto; y decidió ponerlo en práctica.
Se marchó un día ni de verano ni de invierno, ni frío ni cálido. Se fue buscando ese sol anhelado que no parecía vislumbrar en el islote, su islote... ¿Querido o ya aborrecido?

Él permaneció en cuclillas, con ambos brazos extendidos; mientras trataba de conservar el aroma que jamás atrapó de ella en el exterior de su piel. La boca en un gesto torcido, desvaído... La mirada perdida, lúgubre y remisa a creer en la búsqueda que ella emprendía... ¿Para qué? Si partía a contemplar el océano desde una perspectiva a la cual él no podría acceder. Y si no contaba con él en el lugar que más anhelaba, si no deseaba estar a su lado para descifrarle aquellas claves necesarias para salir, entonces ¿prefería mantenerlo allí encerrado para siempre?

Amaneció un nuevo día. El herbazal junto al acantilado seguía siendo de un verde intenso, húmedo fresco y oloroso. En cambio, oscuros nubarrones se cernían en un horizonte más denso y lejano que nunca.

Caminó hasta el borde y se sentó. Desde aquella posición por primera vez se sintió dueño del islote. Permaneció pensativo, sin moverse, con las manos sobre las rodillas y la expresión hirsuta. Habían transcurrido dos días. Para unos quizá pueda parecer un lapso corto de tiempo pero para él significaba casi una eternidad y ella... ¡continuaba sin regresar...!

-II-

Hasta que una mañana por fin se decidió. Iba a ser su mes de reconquista y rehabilitación de promesas olvidadas. Septiembre, sería un mes de sueños que alguna vez se harían tangibles o ya nunca más…

Ella siempre, tan lejana. Pero de pronto una barrera debió de quebrarse y por fin pudo sentirla muy cerca. Lo sabía… Su vehículo estaba enfermo pero pese a todo le pidió que hiciera un esfuerzo y no le defraudó.

La mañana que partieron ninguno lo mencionó pero ambos supieron hacia donde se dirigirían. Enfilaron hacia el este y ya nada pudo contener su frontal e impetuoso tránsito. Horadaron la plana Castilla y se agitó ante su salvaje e imparable avance. Acuchillaron montañas que se les oponían, doblegaron el zig zag de duras carreteras, sortearon acantilados y cuando por fin alcanzaron el mar tampoco se detuvieron ahí.

Compró una vela y la añadió al capó de su coche y juntos navegaron el océano yendo siempre hacia el este. Katrina se apartó de su paso, Fidel Castro los vio pasar como una exhalación y ni siquiera sacó tiempo para organizar cualquiera de sus pomposas fanfarrias. En cuanto al Tío Sam ni lo miraron...

Y entonces, cierto día, desembarcó en las mismas tierras donde ella se hallaba.
Septiembre llegaba a su fin pero qué importaba sí había alcanzado su destino y allí estaba ella, sonriente, aguardando con los brazos abiertos.

El auto comenzó a estar con fiebre pero aún así cumplió su trabajo, había logrado el empeño.
Después, un triste amanecer, el coche murió.
Resultó ser un bello funeral literario y pagano; así es. Ya que su coche nunca fue católico, pero tenía un gran corazón y seguro que se encuentra en un cielo para autos.

Septiembre, un día más. Abrió los ojos y fue consciente de aquel sueño. Realmente iba a ser un mes de conquistas aunque ¿se harían tangibles en algún momento o nunca más…?

Julio 2007.